¿Qué hay para comer hoy?
Archivado en (Paraguay) por Roberto Ortega el 02-11-2010
El tereré es como la tónica. Cuando hace muchos años la introdujeron en España, el eslogan fue algo así como que la primera vez no gustaba. Pues eso, con esta bebida pasa lo mismo. El sabor es en principio extraño, pero luego engancha. Refresca. Revitaliza. Carlos y yo estamos a punto de convertirnos en adictos. En cuanto vemos que lo están preparando, lo miramos con ojitos brillantes y allá que vamos a echar unos tragos de la guampa (el vaso en el que se echa la yerba y el agua). Justo cuando escribo esto, llega Ramón Barboza con el mate. Aclaremos unos conceptos: el mate, más conocido por ser la bebida nacional argentina, se bebe caliente. El tereré, frío. En Paraguay, donde me encuentro esperando el comienzo de un encuentro de indígenas, se ben ambos.
El delicioso tereré viene que ni al pelo cuando te llega la sofoquina. Un traguito te deja como nuevo. Lo compruebo en la visita que hacemos a las comunidades de guaraníes que hay en el distrito de Paso Yobai, en el departamento de Guayra. Paso Yobai es un pueblo de unos 3.000 habitantes. Se llega a él por una especie de camino rural, por el que hay que recorrer unos 40 kilómetros después de dejar la carretera nacional. De Paso Yobai, a las comunidades guaraníes hay todavía una buena hora de ruta, por una pista de tierra roja a cuyas orillas hay campos de cultivo. En resumen, si el viaje se hiciera de un tirón duraría, unas ocho horas.
En las dos aldeas (comunidades) que visitamos viven unas cuarenta familias. José Domingo, el líder de Oevia, está con Julia Brites, su mujer y tres criaturas, en la trasera de su casa, en torno a unas cenizas que aún calientan. Le digo a Ramón Barboza que les pregunte si están preparando la comida. Se ríen: en realidad no saben si van a comer ese día. Disponen de algunas mandiocas, que tienen que durar. La cabaña en la que habitan dispone de dos escasos metros cuadrados, con dos jergones en los que por la noche tienen que dormir, a veces, ocho personas.
Es curioso, la pobreza siempre tiene el mismo aspecto exterior, también casi siempre la causa es muy similar (salvo matices). Varían el color de los rostros y el idioma en el que los afectados piden ayuda.
Chabola en la comunidad de Ovenia



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